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Gerardo Hernández
Gerardo Hernández
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23 Septiembre 2020 04:03:00
Disidencias fallidas
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La Conago y la Alianza Federalista tienen un antecedente remoto. Sin embargo, el movimiento lo sofocó el asesinato de su promotor Alfonso Zárate, Gobernador del Estado de México, el 5 de marzo de 1942. Así lo cuenta Álvaro Arreola Ayala en el libro Los Gobernadores. Caciques del Pasado y del Presente, coordinado por Andrew Paxman (Grijalbo, 2018). El crimen cerró la etapa cardenista en la entidad y propició la fundación del Grupo Atlacomulco, del cual surgiría uno de los presidentes mejor recordados: Adolfo López Mateos, y su antítesis Peña Nieto, el más corrupto.

El frente de gobernadores liderado por Zárate incluía a Bonifacio Salinas Leal, de Nuevo León; Benecio López Padilla, de Coahuila, y Enrique Fernández Martínez, de Guanajuato, entre otros. El país se hallaba en un proceso de consolidación y el Partido de la Revolución Mexicana (antecedente del PRI), en su apogeo. Maximino Ávila Camacho, cacique poblano y hermano del presidente Manuel Ávila Camacho, condenó la iniciativa: «las juntas de gobernadores solo provocan intranquilidad social y sus resoluciones bien podrían invadir facultades reservadas a la Federación», escribe Arreola.

Zárate convocó una reunión de la denominada Oficina de Información de Asuntos Económicos de los Gobiernos de los Estados y Territorios, para el 17 de marzo de 1942 en Coahuila, con delegados de las cámaras de comercio. El presidente Ávila Camacho y «un poderoso grupo» de gobernadores afines crearon una organización contraria. «Desde la perspectiva avilacamachista», dice el autor, «México no era el país elemental y primitivo donde el Gobierno en turno aceptara presiones de poderes caciquiles».

El mexiquense entendió el mensaje: el 4 de marzo negó liderar la coalición, en una carta publicada por El Universal. Salinas y Fernández desmintieron que la reunión en Coahuila fuera contraria a la política de unidad nacional «que con tanto tino» dirigía el presidente Ávila Camacho. El mismo día de la declaración, el Gobernador del Estado de México murió de un balazo en el abdomen. «Coincidencia o no, -apunta Arreola- lo cierto es que, al mismo tiempo que se daba a conocer el incidente fatal, desaparecía de la política nacional el famoso bloque de gobernadores. El 8 de marzo, los gobernadores de Sonora, Coahuila, Guerrero y San Luis Potosí, anunciaron su salida».

El asesino de Zárate, Fernando Ortiz Rubio, era hijo del expresidente Pascual Ortiz Rubio y fungía como jefe de Tránsito de Toluca y líder del Congreso local. Recibió una sentencia de 15 años de prisión, pero la Suprema Corte resolvió, en un juicio de amparo, que el homicidio había ocurrido en una riña provocada por el gobernador. Ávila Camacho eligió de interino al diplomático Isidro Fabela, exsecretario de Relaciones Exteriores de Venustiano Carranza. Fabela debía convocar elecciones y un grupo de diputados locales lo presionó para cumplir ese precepto. Sin embargo, para no contrariar la voluntad presidencial, la Constitución fue reformada.

Fabela dejó de sucesor a Alfredo del Mazo Vélez y así nació el Grupo Atlacomulco. Conocedor de esa historia, de la suerte de Zárate, de su propia fragilidad y del riesgo de afrontar a un presidente fuerte (ayer Ávila Camacho y hoy López Obrador) el Gobernador de Estado de México, Alfredo del Mazo Maza -nieto de Vélez-, ha desairado a la Alianza Federalista. Dos años después del asesinato de Zárate, el gobernador de Coahuila Ignacio Cepeda Dávila se suicidó tras una discusión con el presidente Miguel Alemán por exigir un trato fiscal justo de la Federación. Las disidencias ya no prenden ni se apagan a tiros, sino con votos. Las elecciones intermedias decidirán el futuro de la Conago y de los aliancistas.
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